Hacienda el Ternero. Visita a una bodega diferente

El curioso paisaje de las viñas entre pinos
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Estamos en La Rioja, en una finca de viñedos protegida por la cordillera Cantábrica, o sea que estamos muy al norte, pero también muy al este, porque la Hacienda El Ternero es la bodega más atlántica de las que están en Rioja Alta, y esta situación privilegiada protegida por las montañas ha hecho posible que sus vinos gocen de una calidad excepcional. Hoy los descubriremos de la mano de sus creadores, en una visita que nos permite “tocar tierra” porque recorreremos sus 250 hectáreas en un todoterreno y haremos paradas para ver las diferentes variedades de uva que aquí se cultivan. Cepas de más de 60 años, maduraciones en barrica de roble francés -“sólo francés” insisten los propietarios- son algunas de las señas que marcan la diferencia. Vemos al fondo de la finca unos cipreses dándonos la bienvenida, los mismos que acogían a peregrinos del Camino de Santiago hace más de 7 siglos (hablamos del siglo XIII). Aquí empieza la historia…

Cipreses en el camino
Los cipreses te dan la bienvenida por la puerta sur de la Hacienda

La historia de la Hacienda El Ternero

Estando en plena Rioja, es curioso que esta tierra pertenezca a Castilla, y se debe a su origen por pertenencia a un monasterio de aquella zona. Los monjes que se asentaron aquí, plantaron las primeras viñas y la sucesión de edificios hizo que finalmente funcionase como un pequeño pueblo: la escuela, el cuartel,… Todo esto nos lo cuenta Jon, que se encarga junto a Nerea de acercar a esta zona de difícil acceso a aquellos que quieran hace una visita a bodega distinta de todas las demás en la Hacienda el Ternero. Jon nos sitúa junto a las hileras de vides y nos habla de los monjes, de la configuración caprichosa del terreno, de cómo se inicia el proceso de uno de los manjares más ricos que nos proporciona esta tierra: el vino.

Edificación principal de la Hacienda el Ternero
Estos edificios fueron en su tiempo escuela, cuartel… Y hoy, bodega

Se nos contagia la emoción cruzando la finca de parte a parte, de la puerta que mira al este a la que asoma al sur, parando en cada variedad de viña, cada variedad de uva: Tempranillo, cavernet sauvignon, mazuelo (la que da carácter a estos vinos)… de cada una hay historias que contar, porque cada una madura a su ritmo, cada una pinta de un verde distinto el paisaje, podemos acariciar las vides, calibrar los granos. Nos cuentan cómo se realiza el muestreo de la uva, y cómo puede variar el grado de alcohol dentro de un mismo racimo, entre los granos del hombro a los de la punta. Digo que se nos contagia la emoción porque asistimos al nacimiento del vino, y porque el que nos lo cuenta lo vive como tal. Ahora sabemos cómo afecta el defecto o exceso de sol a la uva, o que las vides no se riegan, viven de lo que la naturaleza les otorga. Nos hablan de heladas, de cómo aguantar la uva en el árbol justo hasta entonces (no podemos evitar recordar el libro La Bodega, de Noah Gordon) Lo más divertido ha sido pasar entre las vides cuando hemos perdido el sendero; las ramas nos atacaban por las ventanas del todoterreno: “fuera de aquí, -parecían decir-, necesitamos paz para hacer buena uva”

Viñas con racimos madurando
El curioso paisaje de las viñas entre pinos

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Lo más curioso del paisaje es ver las viñas entre bosques de pinos, jamás lo habíamos visto. Y no sólo pinos, descubrimos especies foráneas a estas tierras como el Naranjo de Nueva Orleans y otras variedades de flora que los monjes traían de diferentes partes del mundo. Los mismos monjes que levantaron los primeros muros de esta finca junto a un manantial que hoy asoma tímidamente y que la familia de ha propuesto recuperar. No damos crédito cuando un cervatillo pasa nos mira y echa a correr, no nos da ni para echar una foto. Nuestro guía se ríe y comenta que nos cansaremos de ver otros tantos antes de irnos; y  jabalíes, gatos salvajes y zorros. Increíble, estamos en el paraíso.

Llega la hora de la comida y se suceden los vinos en la mesa. Preparad vuestras papilas, llega la hora de disfrutar.

Botella de vino
El extraordinario vino de autor de la Hacienda)

Los vinos que hemos probado de Hacienda el Ternero

  • Miranda blanco fermentado en barrica. Empezamos con un blanco fresco. Su aroma a fruta nos embriaga y sabe a gloria tras el recorrido por la finca.
  • Miranda Crianza. Un tinto crianza acompaña de lujo a una carne asada en el suelo con sarmiento. Nos parece un vino redondo, incontestable.
  • Hacienda El Ternero Reserva. El reserva contrasta con el crianza, son dos vinos distintos a los que otorgamos matices diferenciadores. Aunque cada vez nos cuesta más…¡es el tercer vino que probamos y empezamos a notar la consecuencias!
  • Pizea 650, vino de autor. Excelente. Sorprende desde el primer sorbo, pero mejora aún reposado 10 minutos. Y la presentación es una fiesta para los sentidos: el diseño de la caja, la corbata, la etiqueta,… el traje perfecto para un caldo de lujo.
Parrillada de carne
Una comida original a base de asar sobre brasas de sarmiento

Se suceden en la mesa platos típicos y en nuestras copas se tiñen de tonos cereza, granates, rojos… nos dejamos llevar por este banquete, con conversaciones animadas y experiencias curiosas relacionadas con el vino y la tierra sobre la que estamos. Terminada la visita, nos vamos con pena, y con la promesa de visitar de nuevo esta zona, a estos amigos, los pueblos medievales con las que colinda: Sajazarra y Cuzcurrita.

Si quieres una visita a una bodega diferente, puedes contactar con la Hacienda el Ternero

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1 Comment
  1. Bitacoras.com

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