Stranger Things: la primera temporada sí, la segunda NO

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I was there. I como I was there, en los 80s, cualquier cosa que suene a esa década –ya sea un Cachitos de hierro y cromo como una serie ambientada en la época– la acojo sin cortapistas. Y en Stranger Things la primera temporada me gustó desde el minuto uno. Y no es una forma de hablar: los créditos son de 10, perfectos para su función. Y a partir de ahí, te enganchas.

Defendiendo Stranger Things: la primera temporada SÍ

Un niño desaparece. Su madre se desespera. La poli no hace caso y los amigos inician la búsqueda. Hasta aquí la intro del capítulo uno. Suficiente. La ambientación es perfecta: esa ropa de talla imposible, los juegos de rol, los pelos cardados de las madres jóvenes, las vidas sencillas vividas hacia dentro, la música… Y qué mas:

  • un monstruo que no se ve y que da más miedo que los que se ven. Y si no, ahí está Tiburón de Steven Spielberg para constatarlo.
  • una madre que delira y que provoca con su testarudez los grandes avances en la búsqueda del desaparecido Wil. Ojito al uso de las luces de navidad, un recurso tan chulo que se han hecho hasta camisetas
  • un mundo oculto: el fabuloso Upside Down. Un diez a este escenario que recrea el “lado oscuro” de la realidad. Y un diez a la escena que se “cruzan” en la casa de Joyce los chicos por arriba y los adultos por bajo, y se intuyen… “¿Mamá?”
  • unos personajes que enganchan: la pandilla de frikis, los padres que no se enteran (esa Karen Wheeler tan protectora y tan despistada, uno de los mejores), el rarito que hace fotos a escondidas, el poli castigado por la vida,… y la entrañable Eleven tan inocente, tan parca en palabras como le ha enseñado la vida, tan ansiosa por acogerse a otras vivencias (“Los amigos no mienten”).

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Stranger Things: la primera temporada de Netflix
Un diseño ochentero que recuerda a los mejores Star Wars

Y con todos estos buenos ingredientes ¿por qué no funciona una segunda temporada en Stranger Things? Pues ya te lo digo yo: porque no hacía falta, porque la trama cerraba perfecta y porque si tienes una buena idea tienes que tener la suficiente confianza en que vas a tener otra.

La segunda temporada NO hacía falta

Podríamos decir qué ha pasado en conjunto o valorarla por partes. O podríamos hacer todo, que es más diver 😉 En conjunto la serie no engancha, no te interesa porque parece que el guión se va improvisando o cada vez lo hace un guionista distinto en función del share de ayer, se pasan por el arco las pautas de la primera temporada, los personajes se desdibujan, la trama se pierde… Y ahora vayamos por partes:

  • me harto de ver monstruos. Pero ¿esto que es?, que pasamos de un monstruo ochentero, feote y malísimo a tropecientas criaturas: los pequeños, los medianos, el grande,… ¿y qué más? ¿los cuñaos? Anda ya. Menos es más.
  • una madre que no convence. Pasamos de la “madre coraje” de la primera temporada a la embobada Joyce. Ya no hace nada digno de camiseta 🙁 Porque lo de buscarle de novio al hobbit gordete de LOTR (que por cierto es el guapísimo Mikey de los Goonies, ¿lo sabíais?) no convence ni al Tato.
  • un mundo oculto que se desmadra. Oye, con lo difícil que era de entrar en la primera temporada y aquí te haces una puerta con solo rascar el suelo. Y venga de túneles,… ¿pero es que los guionistas no vieron la primera temporada?
  • unos personajes recalcitrantes: volvamos al hobbit regordete, personaje de relleno que sabíamos que se lo iban a cargar desde que lo ves en el cuarto de las escobas. Pero lo que más me ha dolido es la transformación de Eleven: una estética tan estudiada para petarlo en las redes y una explotación absurda de sus poderes… que antes necesitase la preparación de un astronauta para conectar y ahora le baste la tele y la tela, y que no pase nada porque le sangre la nariz cada 2 por 3, oye, que eso bueno no debe de ser, y… ¿Eleven no se había (OJO! SÚPER SPOILER, SALTA DE PÁRRAFO) desintegrado en la primera temporada? ¿Y quién la ha recompuesto, cargándose la fabulosa teoría de que el monstruo es Eleven en el Upside Down? Y la pandilla, tan monos con sus juegos de rol y sus discusiones a través del walkie talkie (ay, qué ochenteros eran los walkies…),… ahora se enamoran. Puaj! Lo dirían ellos mismos: puaj. Y se enamoran de otro personaje absolutamente prescindible: Max.

En conclusión y a sabiendas de la que me va a caer por este artículo –oigo a los adolescentes del mundo venir a por mí como a por Frankenstein, que metía la pata pero lo hacía sin maldad– diré que aplaudo la mesura y buen criterio de la primera temporada de Stranger Things. Pero que condeno la falta de criterio de la segunda. Y dicen que van a hacer más temporadas… como decía uno de mi tierra que ya murió: A guanyar diners.

 

 

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  1. […] Stranger Things: la primera temporada sí, la segunda NO. I was there. I como I was there, en los 80s, cualquier cosa que suene a esa década –ya sea un Cachitos de hierro y cromo como una serie ambientada en la época– la acojo sin cortapistas. Y en Stranger Things la primera temporada me gustó desde el minuto uno. Y no es una forma de hablar: los créditos son de 10, perfectos para su función. […]

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